Si el intérprete lo desea, las resonancias del arpa se prolongan en el aliento maleable del canto que tantas veces a lo largo de la historia de la música ha acompañado.

Los primeros arpistas de orquesta, Elias Parish Alvars o Charles Bochsa, han prosperado en una época en la cual el Bel Canto y un nuevo público hambriento de virtuosismo, florecían.  En sus composiciones, el arpa se convierte en un instrumento “total” donde los registros graves, los efectos múltiples orquestaban las inflexiones de las líneas melódicas que, al igual que las arias de ópera, se extienden hasta el infinito.

Celebrar la ópera, hacer cantar el arpa… Son los desafíos de esta edición.